1. Origen y evolución de las instituciones parlamentarias

La ampliación de fronteras, tras la consolidación de los cambios políticos, económicos y sociales, iniciados a finales del s. X y bautizados por la historiografía como el despertar de Europa, harán insuficientes las ayudas derivadas de las relaciones feudales. Las ciudades o “señoríos jurídicos”, que habían sufrido un desarrollo e incremento notable, serán incorporadas por la monarquía a su Consejo en el que sólo estaban presentes la nobleza laica o eclesiástica. A partir de ese momento, que en Valencia no se puede remontar más allá de 1261, se debe hablar de Cortes.

Estas asambleas en las que están presentes las fuerzas políticas del reino se ocupan, junto al monarca, de la buena organización del mismo. Unos y otro, sin embargo, no perderán de vista sus propios intereses paralizando, en ocasiones, su desarrollo: el soberano, situado en la cúspide del sistema feudal, la consolidación de sus posiciones; los estamentos sus privilegios particulares y de clase. Situación que denuncia el mismo D. Pedro el Ceremonioso en 1363, en el marco de la guerra con Castilla, al intentar agilizar las negociaciones del donativo “tot açò esdevé per aquesta desaventura de qüestions e debats que havets entre vosaltres, qui cascuns volets vostre ben propri e guardats vostres privilegis e vostres llibertats”.

La investigación sobre el tema ha resaltado las necesidades y problemas del reino reflejados en las convocatorias. Las reuniones del siglo XIII (1261, 1271, 1281 y 1302), vinculadas a la conquista y organización del territorio, se dedican fundamentalmente a legislar (S. Romeu y P. López). Las reunidas durante el siglo XIV, especialmente durante la segunda mitad, tienen como objetivo la obtención de donativos para hacer frente a la ampliación y consolidación de fronteras y territorios: guerra con Génova y Cerdeña (1329-30, 1368-70, 1371, 1373-74, 1375-76, 1382-84 y 1388-89), guerra con Castilla (1357-58, 1360, 1362-63, 1364, 1365 y 1367) y contribuyen, paralelamente, a la actualización y ampliación de los fueros y evolución del sistema fiscal.

D. Martín plantea en estas Cortes, las únicas que convoca y preside, un nuevo objetivo: la recuperación del patrimonio real. Intenta liberarse de la dependencia de sus estados a la que le había conducido la política de sus más inmediatos antecesores, su padre, D. Pedro el Ceremonioso, y su hermano,  D. Juan. Objetivo que asumirán, también, las celebradas por los primeros Trastámaras.

El protagonismo de la monarquía, en el juego de estrategias que se plantean en su seno, es facilitado por el desencuentro entre los intereses de los componentes de la asamblea, que no obstante obtienen algunas concesiones: ampliación de sedes, plazos de convocatoria, presidencia… Concesiones todas ellas en las que los municipios y, especialmente, la capital juegan un papel importante ya que su convocatoria se debe, en más de una ocasión, a su reiterada insistencia.

El conjunto de la Cámara consigue, con sus enérgicas posturas de protesta, que la actuación real y la de sus oficiales contra sus libertades y privilegios no establezcan precedentes. Su falta de cohesión propiciará que, una vez disueltas, no se reivindiquen los plazos legalmente establecidos, a pesar de su trascendencia política.